Cambios demográficos y formas de control de la natalidad

•1 febrero 2010 • 2 comentarios

El envejecimiento de la población y la llegada masiva de inmigrantes son los principales cambios demográficos que ha experimentado la sociedad navarra y, en general, la española, en los últimos años. A ellos se une la transformación de la estructura de los hogares que, con la misma población, cada vez son más numerosos, lo que tiene efectos en demandas sociales como la vivienda y en las pautas de consumo. Estos cambios llevan consigo repercusiones económicas importantes que, sobre todo en lo que respecta al envejecimiento de la población, son difíciles de cuantificar. Porque, ¿cómo se valora monetariamente el cuidado de los nietos, las actividades del voluntariado o la atención a los padres nonagenarios, actividades que, en numerosos casos, desarrollan las personas mayores de 65 años? Desde el punto de vista económico, el envejecimiento de la población se percibe, todavía, “más como problema que como beneficio”, subraya Sagrario Anaut, profesora del departamento de Trabajo Social de la Universidad Pública de Navarra. En cuanto a la inmigración, queda claro que “su presencia tiene ya una significación estructural tan importante para nuestra economía que si desapareciese sería una auténtica catástrofe”, indica Miguel Laparra, también profesor del citado departamento.

Resulta una tarea harto dificultosa dar cifras exactas de la evolución sufrida por la población durante los tempranos años de la organización del Estado nacional argentino, por cuanto sólo se dispone de un censo nacional para el año 1869 y las investigaciones realizadas sobre información adicional no han logrado cubrir todo el período. Según estimaciones realizadas por Diego de la Fuente, director del censo de 1869, la población del país en 1850 llegaba a un monto de 935.000 habitantes, excluidas las actuales provincias de Chaco, Misiones, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. A su vez, el censo de 1869 dio una población de 1.800.000 habitantes. Teniendo en cuenta factores tales como la disminución poblacional como consecuencia de la guerra del Paraguay, la epidemia de 1868 y la incidencia relativa de la inmigración hasta 1869, y aun aceptando que hubiese algún error en el cálculo inicial, el censo revelaba un fuerte crecimiento vegetativo. Desde 1857 hasta 1870 la inmigración se calculaba en una cifra de 205.842 personas (1).
    El censo de 1869 mostraba una distribución de la población con diferencias favorables a las áreas más dinámicas en el proceso de modernización económica -Buenos Aires y Litoral-. Los porcentajes arrojados por el censo son al respecto elocuentes (cuadro 10) (2):

CUADRO 10
DISTRIBUCION DEMOGRAFICA DE ACUERDO AL CENSO NACIONAL DE 1869
Zona este (Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes) 48,79%
Zona centro (Córdoba, San Luis, Santiago del Estero) 22,83%
Zona oeste (Mendoza, San Juan, La Rioja, Catamarca) 14,64%
Zona norte (Tucumán, Salta, Jujuy) 13,74%
Fuente: Censo Nacional de 1869

Si bien no se puede comparar la situación total del país en 1869 con la de la década anterior por la carencia de fuentes completas, éstas sí existen para las provincias de Santa Fe y Buenos Aires. En el caso santafesino, si se comparan las cifras de 1869 con las otorgadas por un censo de 1858, se puede observar que en la última fecha la provincia contaba con 41.261 habitantes de los cuales el 89,6% de los mismos era nativo, mientras que el 10,4% de la población total era de origen extranjero. La población se hallaba casi en un 50% concentrada en los muy escasos centros urbanos. El tipo de actividad económica predominante durante la década de 1850, ganadera y extensiva, no generaba la creación de muchos centros urbanos ni favorecía el crecimiento de la población rural. Dentro de los inmigrantes, el grupo mayoritario estaba integrado por 1156 italianos, seguido por 716 suizos, 653 franceses, 623 españoles, 472 alemanes y 303 uruguayos. Estos montos revelaban una sensible participación de los extranjeros en el sector comercial y de transporte fluvial durante la década de 1850. En el último de estos rubros se destacaron los italianos y en particular los genoveses.
    Contrastando estas cifras de 1858 con las del censo de 1869, emergía en primer lugar una duplicación de la población total de la provincia: 89.117 habitantes. Pero dicha duplicación se debió poco al aporte externo. La comparación del número de extranjeros en los censos de 1858 y 1869 no revelaba un crecimiento del número de extranjeros aunque sí un leve aumento porcentual. Contra el 89,6% de población nativa del censo de 1858 el de 1869 arrojaba un porcentaje del 84,4%, proporción que revelaba una creciente migración interna, confirmada por los datos, ya que sobre un total de 75.178 nativos en Santa Fe, 11.100 eran cordobeses, 4691 santiagueños y 4253 de la provincia de Buenos Aires. El proceso colonizador era poco importante para 1869, pero hubo sin embargo un leve aumento de algunas colectividades, tal el caso de los suizos que llegaron a totalizar un 2,6% sobre el total de la población santafesina. 
Además de la duplicación de la población de Santa Fe, basada en el aporte de las migraciones internas y el crecimiento vegetativo, entre 1858 y 1859 se destacó un cambio en las proporciones entre población rural y urbana. La población concentrada en los centros urbanos descendió de un 46,6% a un 41,9 %. Si bien no resultaba un cambio considerable, implicaba una mayor población en la campaña. Los cambios más significativos en la economía santafesina se darán a partir de la década de 1870, como resultado de la entrada masiva de inmigrantes, la expansión cerealera y el avance del ferrocarril. Recién en esta etapa se observará el crecimiento de nuevos centros urbanos ligados a la campaña, la incidencia de la población extranjera y algunas consecuencias derivadas de la migración tales como una tasa elevada de masculinidad y altos porcentajes de población activa (3).
    En el caso de la ciudad de Buenos Aires, su población de acuerdo con el censo de 1854 era de 90.076 habitantes y según el de 1869 ascendía a 177.787 habitantes, de los cuales 89.661 eran nativos y 88.126 extranjeros, cifras que revelaban la importancia del aporte inmigratorio, a diferencia del caso de Santa Fe. Dentro del total de la población inmigrante, los italianos eran 41.957, los franceses 13.998 y los españoles 20.242. Respecto de las ocupaciones de los extranjeros también se registraron diferencias entre Buenos Aires y Santa Fe. En el primer caso, los inmigrantes se concentraron en los sectores bajos de la población -comportamiento característico de la inmigración en momentos de ingreso masivo-, mientras que en el caso santafesino ocuparon los sectores medios y aun altos o comenzaron a poblar la campaña. También la relación población rural-población urbana registraba diferencias en ambas provincias. Frente a la disminución porcentual en Santa Fe a favor de la campaña, se observaba en Buenos Aires un proceso inverso de concentración en los centros poblados ya que el 30% de población urbana de 1854 se transformó en un 56% en 1869 (4).
    Si se toma la distribución demográfica por ramas de actividad, en contraste con la situación del total del país en que un 40,6% de la población se hallaba ocupada en la rama primaria, un 31,2% en la secundaria y un 28,2% en la terciaria, la provincia de Buenos Aires y su ciudad capital -que por otra parte representaban más del 27% de la población activa total- registraban un importante porcentaje de población empleado no sólo en la rama primaria sino también en la terciaria -con una fuerte incidencia del servicio doméstico en este caso-. Los porcentajes eran: 40,3% para la rama primaria, 18,2% para la secundaria y 41,5% para la terciaria (5).
    En síntesis, el cuadro poblacional hacia 1869 demostraba un fuerte crecimiento con tendencia a concentrarse en los polos más dinámicos del proceso de expansión económica. Dicho crecimiento poblacional estaba más vinculado con el aumento vegetativo que con el aporte inmigratorio en el caso del conjunto del país, salvo Buenos Aires donde la tendencia fue un crecimiento demográfico íntimamente ligado al importante aporte externo. En el caso de las regiones de mayor actividad económica, otro factor que incidió en el crecimiento de la población fueron las migraciones internas.
    Con respecto al equilibrio rural-urbano, comenzaron en este período a dibujarse las tendencias que llevarían a una diversificación de centros vinculados con la campaña en la región cerealera ubicada en el polo dinámico de la región del Litoral, y a una desmedida concentración urbana en Buenos Aires. En este contexto, el Interior, más alejado de la economía mundial que las regiones en expansión se vio menos favorecido por la modernización económica. El paulatino afianzamiento de la centralización política -proceso iniciado con Mitre y más estabilizado con Sarmiento- vincularía entonces forzosamente a los elementos dominantes del Interior con las ventajas derivadas del crecimiento litoral, una vez coartada la opción del mercado chileno por los efectos combinados de la modernización económica y la centralización política que acompañaron el proceso de formación del Estado nacional argentino.

Las ferias mundiales y la fascinación con la ciencia y el progreso.

•31 enero 2010 • 2 comentarios

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, tres tipos de exhibiciones y exposiciones adquirieron presencia:

La primera fue la Exhibición Industrial, dedicada al estímulo de una industria específica, o de todas las industrias de un determinado país o región. Ejemplos de este tipo fueron la exhibición de productos de cuero en Berlín, 1877;de impresión en Nueva York, 1900; y de artes modernas, decorativas e industriales en París, 1925. Un segundo tipo de exhibición, fue regional y dedicada a la conmemoración de eventos históricos. Este tipo de ferias es particularmente popular en los Estados Unidos. Dentro de este tipo estan la exposición de los grandes lagos en Cleveland, 1936. El tercer tipo, son las Exposiciones Mundiales que generalmente son patrocinadas por un gobierno nacional y presentan una amplia variedad de productos. Estos eventos han llegado a convertirse en elaborados sitios de exhibición para desarrollos técnicos y culturales, así como para productos manufacturados. Usualmente bien representados por miles de expositores y con visitantes que llegan a los millones, tales exhibiciones han tenido a menudo un importante impacto social y económico en el país que la realiza. A lo largo de los 150 años que tienen de historia las Exposiciones Universales han existido exposiciones que han resaltado por su temática general o por las construcciones arquitectónicas que ahora forman parte de las atracciones turísticas de dichos países. La primera gran exposición internacional tuvo lugar en Londres en 1851, bajo la dirección de la Sociedad de Artes; El Príncipe Alberto, quien era el presidente de la Sociedad y tomó un interés personal en la preparación del evento. “La Exhibición El Palacio de Cristal” dio lugar a otras exposiciones internacionales. Dublín y Nueva York tuvieron exposiciones en 1853 y París efectuó su primera Exposición Universal en 1855, en los Campos Elíseos. La exposición de París, aunque fue mucho más elaborada que sus predecesoras, con un costo aproximado de 5 millones de dólares y con la participación de casi 21.000 expositores. En 1862 se inauguró otra gran exposición en Londres, con un costo de cerca de 2.3 millones de dólares.

La mayoría de las grandes exposiciones han operado con déficit, desde entonces, pero el valor promocional de las exhibiciones, sumado al valor agregado del turismo que promueven, han hecho que la pérdida sea considerada aceptable.

Viena realizó la más grande exposición internacional hasta sus días, con un costo próximo a los 11 millones de dólares. Los edificios erigidos en el Prater, el famoso parque Vienés en una isla del Danubio, hospedó casi 26.000 expositores y se recibieron más de 6.5 millones de visitantes.
En 1923, el Bureau Internacional de Exposiciones (IBE) fué establecido en París, para controlar la frecuencia y supervisar las operaciones de las exhibiciones internacionales. Cerca de 70 naciones miembro, sin incluir los Estados Unidos, han acordado voluntariamente regirse por las decisiones del Bureau.

La asistencia a las Ferias Mundiales continúa en crecimiento geométrico debido a su única cobertura de aspectos actuales y a los avances presentados del futuro.

La ciencia es el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. Es el conocimiento sistematizado, elaborado a partir de observaciones y el reconocimiento de patrones regulares, sobre los que se pueden aplicar razonamientos, construir hipótesis y construir esquemas metódicamente organizados. La ciencia utiliza diferentes métodos y técnicas para la adquisición y organización de conocimientos sobre la estructura de un conjunto de hechos objetivos y accesibles a varios observadores, además de estar basada en un criterio de verdad y una corrección permanente. La aplicación de esos métodos y conocimientos conduce a la generación de más conocimiento objetivo en forma de predicciones concretas, cuantitativas y comprobables referidas a hechos observables pasados, presentes y futuros. Con frecuencia esas predicciones pueden formularse mediante razonamientos y estructurarse como reglas o leyes generales, que dan cuenta del comportamiento de un sistema y predicen cómo actuará dicho sistema en determinadas circunstancias.

La lógica y la matemática son esenciales para todas las ciencias porque siempre son exactas. La función más importante de ambas es la creación de sistemas formales de inferencia y la concreción en la expresión de modelos científicos. La observación y colección de medidas, así como la creación de hipótesis y la predicción requieren a menudo modelos lógico-matemáticos y el uso extensivo del cálculo, siendo de especial relevancia en la actualidad la creación de modelos numéricos, por las enormes posibilidades de cálculo que ofrecen los ordenadores (véase computación).

Las ramas de la matemática más comúnmente empleadas en la ciencia incluyen el análisis matemático, el cálculo matemático y las estadísticas, aunque virtualmente toda rama de la matemática tiene aplicaciones en la ciencia, aun áreas “puras” como la teoría de números y la topología. El uso de matemática es particularmente frecuente en física, y en menor medida en química, biología y algunas ciencias sociales (por ejemplo, los constantes cálculos estadísticos necesarios en las investigaciones de la psicología). Algunos pensadores ven a la matemática como una ciencia, considerando que la experimentación física no es esencia l a la ciencia o que la demostración matemática equivale a la experimentación. Otros opinan lo contrario, ya que en matemática no se requiere evaluación experimental de las teorías e hipótesis. En cualquier caso, la utilidad de la matemática para describir el universo es un tema central de la filosofía de la matemática.

El progreso es un concepto que indica la existencia de un sentido de mejora en la condición humana. La mera consideración de tal posibilidad fue fundamental para la superación de la ideología feudal medieval, basada en el teocentrismo cristiano (o musulmán) y expresada en la escolástica. Desde ese punto de vista (que no es el único posible en teología) el progreso no tiene sentido cuando la historia humana proviene de la caída del hombre (el pecado original) y el futuro tiende a Cristo. La historia misma, interpretada de forma providencialista, es un paréntesis en la eternidad, y el hombre no puede aspirar más que a participar de lo que la divinidad le concede mediante la Revelación. La crisis bajomedieval y el Renacimiento, con el antropocentrismo, resuelven el debate de los antiguos y los modernos, superando el argumento de autoridad y Revelación como fuente principal de conocimiento. Desde la crisis de la conciencia europea de finales del siglo XVII y la Ilustración[1] del XVIII pasa a ser un lugar común que expresa la ideología dominante del capitalismo y la ciencia moderna. La segunda mitad del siglo XIX es el momento optimista de su triunfo, con los avances técnicos de la Revolución industrial, el imperialismo europeo extendiendo su idea de civilización a todos los rincones del mundo. Su expresión más clara es el positivismo de Auguste Comte. Aunque pueden hallarse precursores, hasta después de la Primera Guerra Mundial no empezará el verdadero cuestionamiento de la idea de progreso, incluyendo el cambio de paradigma científico, las vanguardias en el arte, y el replanteamiento total del orden económico social y político que suponen la Revolución Soviética, la Crisis de 1929 y el Fascismo.

Del descubrimiento del mundo microscópico a las vacunas y los antibióticos.

•21 enero 2010 • 3 comentarios

El microscopio fue inventado hacia los años 1610, por Galileo, según los italianos, o por Zacharias Janssenen opinión de los holandeses. La palabra microscopio fue utilizada por primera vez por los componentes de la Accademia dei Lincei, una sociedad científica a la que pertenecía Galileo que publicó un trabajo sobre la observación microscópica del aspecto de una abeja. Sin embargo, las primeras publicaciones importantes en el campo de la microscopía aparecen en 1660 y 1665, cuando Marcello Malpighi prueba la teoría de William Harvey sobre la circulación sanguínea al observar al microscopio los capilares sanguíneos y Robert Hooke publica su obra Micrographia.

En 1665 Hooke observó con un microscopio un delgado corte de corcho y notó que el material era poroso. y con poros, en su conjunto, formaban cavidades poco profundas a modo de cajas a las que llamó células. Se trataba de la primera observación de células muertas. Unos años más tarde, Malpighi, anatomista y biólogo italiano, observó células vivas. Fue el primero en estudiar tejidos vivos al microscopio.

A mediados del siglo XVII un holandés, Anton Van Leeuwenhoek, utilizando microscopios simples de fabricación propia, describió por primera vez protozoos, bacterias, espermatozoides y glóbulos rojos. El microscopista Leeuwenhoek, sin ninguna preparación científica, puede considerarse el fundador de la bacteriología. Tallaba él mismo sus lupas sobre pequeñas esferas de cristal, cuyos diámetros no alcanzaban el milímetro (su campo de visión era muy limitado, de décimas de milímetro). Con estas pequeñas distancias focales alcanzaba los 275 aumentos. Observó los glóbulos de la sangre, las bacterias y los protozoos; examinó por primera vez los glóbulos rojos y descubrió que el semen contiene espermatozoides. Durante su vida no reveló sus métodos secretos y a su muerte, en 1723, 26 de sus aparatos fueron cedidos a la Royal Society de Londres.

Durante el siglo XVIII continuó el progreso y se lograron objetivos acromáticos por asociación de vidrios flint y crown obtenidos en 1740 por H.M. Hall y mejorados por John Dollond. De esta época son los estudios efectuados por Isaac Newton y Leonhard Euler. En el siglo XIX, al descubrirse que la dispersión y la refracción se podían modificar con combinaciones adecuadas de dos o más medios ópticos, se lanzan al mercado objetivos acromáticos excelentes.

Durante el siglo XVIII el microscopio tuvo diversos adelantos mecánicos que aumentaron su estabilidad y su facilidad de uso, aunque no se desarrollaron por el momento mejoras ópticas. Las mejoras más importantes de la óptica surgieron en 1877, cuando Ernst Abbe publicó su teoría del microscopio y, por encargo de Carl Zeiss, mejoró la microscopía de inmersión sustituyendo el agua por aceite de cedro, lo que permite obtener aumentos de 2000. A principios de los años 1930 se había alcanzado el límite teórico para los microscopios ópticos, no consiguiendo éstos aumentos superiores a 500X o 1000X. Sin embargo, existía un deseo científico de observar los detalles de estructuras celulares (núcleo, mitocondria, etc.).

El microscopio electrónico de transmisión (TEM) fue el primer tipo de microscopio electrónico desarrollado. Utiliza un haz de electrones en lugar de luz para enfocar la muestra consiguiendo aumentos de 100.000X. Fue desarrollada por Max Knoll y Ernst Ruska en Alemania en 1931. Posteriormente, en 1942 se desarrolla el microscopio electrónico de barrido (SEM).

A pesar de que los potentes compuestos antibióticos para el tratamiento de enfermedades humanas causadas por bacterias, tales como la tuberculosis, peste bubónica o la lepra, no se aislaron e identificaron sino hasta el siglo XX, el uso más remoto de antibióticos fueron los antiguos chinos, hace más de 2.500 años.[7] Se sabía en ese entonces que la aplicación de la cuajada mohosa de la soya sobre ciertas infecciones traía beneficios terapéuticos aclamados en un ambito sociocultural.

Muchas otras culturas antiguas, entre ellos los antiguos egipcios y griegos usaban moho y ciertas plantas para el tratamiento de infecciones, debido a la producción de sustancias antibióticas en estos organismos, un fenómeno conocido como antibiosis.[8] El principio de antibiosis fue descrito en 1877 cuando Louis Pasteur y Robert Koch observaron que un bacilo en el aire podía inhibir el crecimiento de la bacteria Bacillus anthracis.[9]

El primer antibiótico descubierto fue la penicilina, en 1897 por Ernest Duchesne, en Francia, cuando describió las propiedades antibióticas de la especie Penicillium, aunque su trabajo pasó sin mucha atención por la comunidad científica. La investigación en el campo de la terapéutica antibiótica moderna comenzó en Alemania con el desarrollo del antibiótico de corto espectro Salvarsan por Paul Ehrlich en 1909.[4] Ese descubrimiento permitió el tratamiento efectivo de la sífilis, un amplio problema de salud pública
en esa época.[10] Ese medicamento, efectivo también para combatir otras infecciones por espiroquetas, ya no se emplea en el presente. Luego, Alexander Fleming (1881-1955) un médico británico, estaba cultivando una bacteria (Staphylococcus aureus) en un plato de agar, el cual fue contaminado accidentalmente por hongos. Luego él advirtió que el medio de cultivo alrededor del moho estaba libre de bacterias, sorprendido comenzó a investigar el porqué. Él había trabajado previamente en las propiedades antibacterianas de la lisozima, y por ello pudo hacer una interpretación correcta de lo que vio: que el hongo estaba secretando algo que inhibía el crecimiento de la bacteria. Aunque no pudo purificar el material obtenido (el anillo principal de la molécula no era estable frente a los métodos de purificación que utilizó), informó del descubrimiento en la literatura científica. Debido a que el hongo era del género Penicillium (Penicillium notatum), denominó al producto Penicilina.
Más de 10 años después, Ernst Chain y Howard Walter Florey se interesaron en el trabajo de Fleming y produjeron una forma purificada de la penicilina, los primeros en utilizar la penicilina en seres humanos.[4] Los tres investigadores compartieron el premio Nobel de Medicina en 1945. En 1939, Rene Dubos aisló la gramicidina, uno de los primeros antibióticos usados fabricados comercialmente e indicado en el tratamiento de heridas y úlceras.[11] Debido a la necesidad imperiosa de tratar las infecciones provocadas por heridas durante la II Guerra Mundial, se invirtieron muchos recursos en investigar y purificar la penicilina, y un equipo liderado por Howard Florey tuvo éxito en producir grandes cantidades del principio activo puro en 1940. Los antibióticos pronto se hicieron de uso generalizado desde el año 1943.

En marzo de 2000, médicos del hospital San Juan de Dios de San José (Costa Rica) publicaron manuscritos del Dr. Clodomiro Picado, que explican las experiencias de él entre 1915 y 1927 acerca de la acción inhibitoria de los hongos del género “Penicillium sp” en el crecimiento de estafilococos y estreptococos (bacterias causantes de una serie de infecciones),[12] motivo por el cual es reconocido como uno de los precursores del antibiótico penicilina, descubierta por Fleming en 1928. El informe con los resultados de los tratamientos realizados con la penicilina por el Dr. Picado fueron publicados por la Sociedad de Biología de París en 1927.[13]

El descubrimiento de los antibióticos, así como de la anestesia y la adopción de prácticas higiénicas por el personal sanitario (por ejemplo, el lavado de manos y utilización de instrumentos estériles), revolucionó la sanidad y se convirtió en uno de los grandes avances de la historia en materia de salud. A los antibióticos se les denomina frecuentemente “balas mágicas”, término usado por Ehrlich, por hacer blanco en los microorganismos sin perjudicar al huésped.[10] El Nobel de Quimica 2009 fue otorgado a dos estadounidenses, Venkatraman Ramakrishnan y Thomas Steitz, y una israelí, Ada Yonath, por investigaciones sobre los ribosomas, las fábricas de proteínas del cuerpo. Los tres científicos fueron recompensados por haber realizado un mapa detallado del ribosoma, una máquina molecular en el interior de las células que “lee” el ARN, una especia de calco del ADN, y utiliza el código genético para fabricar proteínas, el elemento básico de todos los seres vivos.

Estos modelos en tres dimensiones, publicados en 2000, son utilizados ahora para desarrollar nuevos antibióticos, “ayudando directamente a proteger la vida y disminuir el sufrimiento de la humanidad”, observó el comité Nobel. La israelí Ada Yonath, de 70 años, es la cuarta mujer que recibe el premio Nobel de Química. La primera fue Marie Curie en 1911. Yonath afirmó que en el inicio de sus investigaciones no preveía que éstas tuviesen una aplicación médica práctica.

Los antibióticos actuales curan todo tipo de enfermedades mediante el bloqueo de las funciones de los ribosomas de las bacterias.

“Si el ribosoma no está en estado de funcionar, la bacteria no puede sobrevivir. Por este motivo los ribosomas son un objetivo tan importante para los nuevos antibióticos”,

El estadounidense Thomas Steitz, de 69 años, profesor en la universidad norteamericana de Yale (noreste), fundó una empresa farmacéutica en 2001 para explotar sus descubrimientos.

Venkatraman Ramakrishnan, profesor en la universidad británica de Cambridge, nacido en India en 1952, subrayó por los galardonados con el Nobel son sólo “los capitanes del equipo”, cuyos esfuerzos de investigación se han visto reforzados por los de numerosos estudiantes que realizan sus tesis.

La viruela fue la primera enfermedad que el ser humano intentó prevenir inoculándose a sí mismo con otro tipo de enfermedad.[1] Se cree que la inoculación nació en la India o en China alrededor del 200 a. C. En China, a los pacientes que sufrían tipos leves de viruela se les recogían fragmentos de pústulas secas para molerlas hasta conseguir una mezcla con aspecto de polvo que luego se le introducía por la nariz, esperando que esto les inmunizara. En 1718, Lady Mary Wortley Montague informó que los turcos tenían la costumbre de inocularse con pús tomado de la viruela vacuna. Lady Montague inoculó a sus propios hijos de esta manera.

En 1796, durante el momento de mayor extensión del virus de la viruela en Europa, un médico rural de Inglaterra, Edward Jenner, observó que las recolectoras de leche adquirían ocasionalmente una especie de «viruela de vaca» o «viruela vacuna» (cowpox) por el contacto continuado con estos animales, y que luego quedaban a salvo de enfermar de viruela común. Efectivamente se ha comprobado que esta viruela vacuna es una variante leve de la mortífera viruela «humana». Trabajando sobre este caso de inoculación, Jenner tomó viruela vacuna de la mano de la granjera Sarah Nelmes. Insertó este fluido a través de inyección en el brazo de un niño de ocho años, James Phipps. El pequeño mostró síntomas de la infección de viruela vacuna. Cuarenta y ocho días más tarde, después de que Phipps se hubiera recuperado completamente de tal enfermedad, el doctor Jenner le inyectó al niño infección de viruela humana, pero esta vez no mostró ningún síntoma o signo de enfermedad.[2]

En 1881 lleva a cabo Louis Pasteur su audaz y brillante experimento público en comprobación de la efectividad de la vacuna antiantráxica ideada por él, en la granja, hoy histórica, de Pouilly-le-Fort. El desarrollo del experimento fue como sigue

Introducción

•14 enero 2010 • 1 comentario

 

Hola, mi nombre es Enrique Sayeg Camacho y actualmente estudio en el Colegio Ingles de Guadalajara y soy de 2° de secundaria, este es un trabajo para mi clase de Historia Universal y tratara de los siguientes temas:

Aunque el fin de esta bitácora de investigacion es escolar, quisiera que cualquiera que lea este articulo sepa que es libre de sacar cualquier información de el.